El esqueleto gigante de Kubo y las dos cuerdas mágicas (Kubo and the Two Strings, 2016) se animó con una marioneta física de unos 4,9 metros de altura, no con un monstruo creado íntegramente por computadora. LAIKA colocó el torso sobre una plataforma mecánica de seis ejes, sostuvo los brazos con cables elevados y fotografió pequeños cambios de posición fotograma a fotograma. Los efectos digitales eliminaron después los soportes y ampliaron el decorado.
La medida de 4,9 metros corresponde a los 16 pies indicados por Hidden Worlds, una exposición organizada con LAIKA, que también cifra el peso en unas 400 libras (181 kg). Las fuentes no coinciden exactamente: el supervisor de efectos visuales Steve Emerson describió al esqueleto como una figura de 18 pies cuando estaba completamente montada. Conviene atribuir cada cifra en lugar de presentar todas como una única medida.
¿Por qué construir un esqueleto casi tan alto como un edificio?
La decisión surgió de un problema de escala. Los personajes de Kubo se fabricaban, por lo general, a una sexta parte del tamaño humano. Un esqueleto mucho más pequeño habría exigido también versiones diminutas de los protagonistas para rodar sus interacciones. Según recogió Cartoon Brew, el ingeniero Steve Switaj explicó que esas miniaturas tendrían muy poca estructura interior y serían difíciles de colocar con precisión.
El equipo optó por mantener a los protagonistas en su escala habitual y fabricar un monstruo lo bastante grande para interactuar físicamente con ellos. Aun así, se utilizó otra versión del esqueleto, de algo más de 2,5 pies (unos 76 centímetros), para determinadas tomas. La documentación de LAIKA señala además que las mitades superior e inferior de la marioneta gigante se filmaron por separado, con predominio del torso.
Espuma, imanes y articulaciones que debían permanecer inmóviles
Por sus dimensiones, no bastaba con agrandar una armadura convencional de stop-motion. El equipo de mecanismos utilizó espuma industrial de alta densidad, cortada y ahuecada para reducir el peso, junto con otros métodos de acabado, incluidas piezas similares al papel maché. La figura se dividió en varias secciones para facilitar su manejo.
En lugar de depender únicamente de las pequeñas articulaciones esféricas habituales, grupos de imanes fijaban los brazos y la cabeza al torso. Los codos empleaban bloqueos fabricados con pastillas de freno de automóvil para conservar cada posición entre fotografías. Según la exposición de LAIKA, cada mano pesaba unas 6 libras (2,7 kg). Más de mil piezas con forma de hueso y 70 espadas individuales decoraban la figura.
Cómo se movían los brazos, las manos y la mandíbula fotograma a fotograma
El centro del sistema era un hexápodo, una plataforma que podía colocar el torso en tres ejes de traslación y tres de rotación. LAIKA indica que construirla llevó 27 días. El animador manejaba un controlador específico, conectado a los sistemas de movimiento y cámara, para ajustar y estabilizar la figura antes de cada exposición. Las computadoras gobernaban la maquinaria, pero seguía siendo el animador quien decidía cada postura.
Los brazos eran demasiado grandes para mantenerse por sí solos. Sobre el decorado, cables, contrapesos, poleas y motores paso a paso sostenían y recolocaban sus segmentos, como los hilos de una enorme marioneta. El animador Charles Greenfield tenía que desplazarse entre plataformas y andamios para manejar el conjunto. Las manos y los dedos requerían ajustes específicos; los ojos y la mandíbula se manipulaban a mano, siguiendo hojas de tiempos de animación tradicionales.
Después de cada movimiento, los mecanismos debían quedar bloqueados para que la cámara registrara un fotograma. Esta diferencia es fundamental: utilizar robótica y controles electrónicos no convirtió al esqueleto en un personaje de animación digital. El objeto real se colocaba y fotografiaba sucesivamente, imagen por imagen.
¿Qué era real y qué se añadió digitalmente?
El propio monstruo era físico, al igual que las superficies del decorado con las que interactuaban los personajes. Sin embargo, la Sala de los Huesos no se construyó por completo: se filmaron una zona de suelo y parte de una pared, y después se extendió digitalmente la arquitectura. Computer Graphics World describe un plató de unos 360 pies cuadrados y una pared virtual que llegaba aproximadamente a 22 pies (6,7 metros) de altura.
Los artistas de efectos visuales borraron también cables y soportes visibles, reconstruyeron superficies fotograma a fotograma y combinaron las marionetas fotografiadas con entornos digitales. El supervisor Steve Emerson explicó que el objetivo era mantener físicos los personajes y los puntos de contacto, usando gráficos por computadora para ampliar el espacio cuando fuera necesario. La imagen terminada combina rodaje real y posproducción, aunque la criatura principal seguía siendo un efecto práctico.
¿Cuánto trabajo hubo detrás de unos pocos segundos?
Según la investigación de Ian Failes para Cartoon Brew, fabricar el esqueleto mayor llevó unos seis meses y se filmó con él durante aproximadamente un año. Esa versión aportó 49,2 segundos de metraje. La cifra se refiere al material rodado con la marioneta gigante, no a toda la secuencia de la Sala de los Huesos, en la que también se emplearon la versión pequeña y la composición digital.
El resultado exigió resolver distintos problemas: peso y estructura para sostener el cuerpo, mecanismos de bloqueo para conservar las posturas, controles precisos para moverlo y composición digital para ocultar el equipo. Su tamaño es lo primero que llama la atención; conseguir que algo tan grande funcionara con la precisión del stop-motion fue el verdadero reto técnico.





